Reseña de El origen de la simetría por Ana Gorría (7de7, nº 9, Enero de 2008)

Desde el imperio de lo efímero.

En El origen de la simetría, María Salvador parte, como piedra fundacional de su poesía, de la nulidad del lenguaje, de la ¨inservibilidad” de las convenciones artísticas heredadas y de la necesidad de, tal y como demuestran sus aproximaciones a otras manifestaciones artísticas alejadas de la poesía, restaurar la palabra poética, en El origen de la simetría: «Después de la guerra, entronizado en la /pirámide de cadáveres, alguien proclama la /nulidad del lenguaje».

Aunque buena parte de su libro sea una reflexión sobre la palabra como arte, no en vano María en la actualidad cursa estudios de Historia del Arte en la Universidad de Granada, ciudad en la que nació y reside, su libro busca, más allá de lo metapoético, profundizar en los mecanismos de la propia singularidad, tanto del individuo como de la especie « Así que esto es permanecer», ya que, como se observa en la mayoría de los poemas, la poeta inquiere desde los límites del yo, cuestiones como el bien y el mal (encarnadas en la constante referencia al mito bíblico de Caín y Abel o en la referencia a películas como El club de la lucha Chuck Palahniuk).

El libro, esencialmente,  se constituye a través de la variación. Una estructura que la poeta aprovecha con eficacia alrededor de las acciones artísticas (y es fundamental, en consecuencia, la referencia a Marina Abramovic), o del análisis de determinadas materias minerales: mármol, obsidiana, basalto que la autora utiliza casi como un correlato objetivo, materias que podríamos pensar son fundadoras y, como consecuencia, aquellas a partir de las que es posible esculpir los trazos de la propia identidad, presencia materializada en este libro en las múltiples referencias al cuerpo: «Una mancha de color sobre la hoja blanca; la cicatriz palpita hasta el derrame. La disección: el cuerpo inerte es tomado entre las manos».

El ser parece decir la autora, se funda en la violencia. Motivo alrededor del que se estructuran también y acompañan buena parte de las composiciones del libro. Desde el primer poema, que funciona casi como una cosmogonía íntima: «para que surja una quimera/ en el útero de la madre/ un embrión asimila al otro; / como si Abel hubiera sido/ devorado por Caín, /se funden en un solo cuerpo/ con dos cadenas de ADN. » La esencia de lo ¿humano? es consecuencia de la dialéctica entre contrarios, de su fusión y generadora, en consecuencia, de lo monstruoso.

Porque lo monstruoso es otra de las vías fundamentales en el planteamiento de la existencia que nos propone la autora. Una constante en nuestro imaginario es la presencia del monstruo, del híbrido, de la quimera, del andrógino que parece ser el protagonista del libro en la fusión dialéctica del contrario que plantea la autora.

La violencia también constituye un capítulo fundamental de El origen de la simetría. Esa violencia fundacional que constituye el ser, desde su planteamiento, está implícita en la naturaleza del ser, tal y como se observan en las múltiples referencias que hay a lo roto y a la sangre, entre otros. No en vano la única referencia que hay a la tradición poética española es la mención, de nuevo el tema del mal presente en el libro, del Dámaso Alonso de Hijos de la Ira con el poema "Último Caín¨ del que la autora ofrece su particular “remake” incidiendo en esa dialéctica de contrarios a través de la que ha articulado su pensamiento.

Además de esta mención a Dámaso Alonso,  la poeta – tal y como he sugerido en la mención a esa inservibilidad de las convenciones- introduce en buena parte de la totalidad del libro una mirada cultural que dialoga con una tradición que crea a su medida. Desde los temas clásicos de la iconografía artística (escultura, música, pintura) como Lux aeterna, Kyrie Eleison o Quid sum miser a referencias tan inmediatas como la referida anteriormente al cine de Chuck Palahniuk, la película Hard Candy o motivos musicales propios de su generación como la música de los Piratas.

Dentro de esa tradición que la autora forja a su medida ocupa un lugar privilegiado las menciones a autores relacionados con el surrealismo, como demuestran las referencias al diccionario de símbolos de Cirlot o los paratextos concernientes a la violencia de Michel Leiris ya que en ese referencialismo cultural en el que la autora también sitúa  sus poemas caben artistas como Marina Abramovic, artistas que, por la afinidad de los grandes rasgos que sostienen el libro de María Salvador, se ponen al servicio de la unidad y coherencia del libro.

En el, en apariencia, totum revolotum que nos propone María Salvador en su El origen de la simetría también la dicción ocupa un lugar fundamental. La diversidad de registros que nos presenta la autora – y que abarcan desde el cientifismo a lo metapoético-  se corresponden con un tono capaz de asimilar desde el verso clásico en heptasílabos y endecasílabos, el jaiku – como en esa velada referencia al orgasmo que supone el jaiku quid sum miser: aquel silencio: / mutación del placer/ en muerte lenta.-  a la prosa poética (en la que la autora se muestra rítmicamente más certera).

En los límites de ese lenguaje que la autora reconoce “nulo”, El origen de la simetría viene a desautomatizar nuestros códigos de lectura convencionales y supone una búsqueda necesaria en otros códigos, en otras “maneras” que quieren  afianzar esa inveterada pulsión de recavar los límites del sujeto, de la propia especie.